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Difícil y trascendental pregunta para todos aquellos que buscamos conseguir el éxito y luego de leer y preguntar mucho al respecto concluyo que depende de cada persona, de los objetivos que se haya trazado y de cuan cerca esté de ellos independientemente de que tan ambiciosos sean éstos.

¿Qué nos motiva? ¿Qué nos hace vivir felices? ¿Cuáles son nuestras inquietudes, sueños e ideales más profundos? ¿Qué problemas nos quitan el sueño? ¿Qué nos apasiona? La respuesta a estas preguntas es una pista segura para descubrir nuestros reales motivadores y objetivos en la vida.

El éxito se suele asociar a la cuenta bancaria, factor importante pero no decisivo para medir el éxito. En lo personal, además de dicho factor incluiría el nivel de felicidad, de ser y estar feliz, el reír mucho y a menudo, el ganarse el respeto, el reconocimiento y el cariño de la gente. Si enfocamos el tema desde el punto de vista familiar, mi éxito depende de la sonrisa y bienestar de aquellas personas que forman parte de mi vida, si hablo de mi hijo, me sentiré exitoso si es que cuando tenga uso de razón pueda sentirse orgulloso de si mismo, si hablo del trabajo, mi definición de éxito estará ligada a la rentabilidad económica sobre las expectativas pero sobre todo al crecimiento personal y laboral del gran equipo que trabaja conmigo.

Santiago Alvarez de Mon decía lo siguiente sobre lo que significa el éxito: “Para mi, es hacer las cosas y entrenar hasta el límite de mis habilidades. Ese universo de intenciones, esfuerzos y trabajo preparado a conciencia lo controlo yo, es donde me cito a diario con lo mejor de mi persona. Los resultados, ganar, perder, las consecuencias de mi labor, los aplausos, las pifias, forman parte de otro partido en el que no llevo las riendas. Del otro sí sé y entiendo. Desde la paz y tranquilidad que da el saber que te has vaciado íntegro, que no has dejado nada en la recamara, entonces se puede apuntar a otros tiempos y lugares por los que suele transitar y perderse el auténtico éxito.”

Tiene mucha razón, y complementando su comentario se me viene a la memoria aquella inolvidable frase de Valero Rivera, “Solo pierde el que no da todo lo que lleva dentro”. Dicho de otro modo, solo ganamos, solo conseguimos el éxito, cuando nos damos el todo por el todo, cuando (como dicen los españoles) “nos jugamos la piel”, independientemente del resultado. Éste es una consecuencia, si hacemos las cosas bien, vendrá tarde o temprano, de nada sirve andar enfadados con el tiempo.

En su libro, “Las trampas del deseo” Dan Ariely escribe sobre cómo controlar los impulsos que nos llevan al error y hace un resumen bien interesante sobre nuestras expectativas.

Así pues, cuando creemos de antemano que algo será bueno, en general resultará serlo; y cuando creemos que será malo, resultará ser malo. Pero ¿cuán profundas son esas influencias? Ariely nos dice: “¿Las influencias se limitan a modificar nuestra creencia con respecto a una experiencia determinada, o modifican también la psicología de la propia experiencia? En otras palabras: ¿puede el conocimiento previo modificar realmente la actividad neural que subyace al propio sentido del gusto, de tal modo que, cuando esperamos que algo nos sepa bien (o mal), real y verdaderamente nos sabe así?

Como ve, las expectativas pueden influir en casi todos los aspectos de nuestra vida. Imagine que tiene que contratar a una empresa de catering para la boda de su hija. La Cocina de Josefina publicita su “delicioso pollo con jengibre al estilo asiático” y su “sabrosa ensalada griega con aceitunas kalamata y queso feta”, mientras que Sensaciones Culinarias le ofrece una “suculenta pechuga de pollo ecológico asada en su punto y regada con una demi-glace de merlot, sobre un lecho de cuscús israelí a las finas hierbas” y una “mélange de tomates cherry con delicias verdes de la huerta, rodeada de un cálido círculo de chèvre en afrutada vinagreta de frambuesa”. Aunque no hay forma de saber si la comida de Sensaciones Culinarias es mejor que la de La Cocina de Josefina, la retórica de la descripción de los platos puede llevarnos a esperar algo más que una simple pechuga de pollo y una ensalada de tomate y queso de cabra.

Ello, en consecuencia, incrementa también la posibilidad de que nosotros, o nuestros invitados, si les damos la descripción de los platos, nos deshagamos en alabanzas sobre ellos. Este principio, que tan útil les resulta a las empresas de catering, está al alcance de cualquiera. Podemos añadir pequeñas cosas que suenen exóticas y modernas a nuestra cocina (en Estados Unidos, por ejemplo, parecen estar en pleno auge las salsas de chipotle y mango, o la moda de servir búfalo en lugar de ternera). Puede que esos ingredientes no mejoren realmente el plato en una cata a ciegas; pero su conocimiento previo, al modificar nuestras expectativas, puede influir de manera eficaz en nuestra percepción del sabor del plato.

Pero las expectativas, obviamente, no se limitan a la comida. Cuando invite a alguien a ver una película, puede aumentar su disfrute mencionando que ha tenido muy buenas críticas. Esto también resulta esencial a la hora de labrar la reputación de una marca o un producto determinados. De eso precisamente trata el marketing: de proporcionar información que aumente el placer esperado y real de alguien.

Lo que nos enseñan todos estos experimentos es que las expectativas son algo más que la anticipación del estímulo de un burbujeante vaso de Coca-Cola. Las expectativas nos permiten dar sentido a una conversación en una sala llena de ruido aunque se pierde una palabra aquí y allá; o, del mismo modo, poder leer mensajes de textos en nuestros móviles pese a las abreviaturas que normalmente sustituyen a toda una serie de palabras. Y aunque las expectativas pueden hacernos parecer necios de vez en cuando, también nos resultan tan útiles como potentes.

 A simple vista la respuesta parecería muy obvia, y debiera ser “con un aumento de sueldo”, sin embargo, no nos damos cuenta que el caer en esas “trampas mentales” es peligroso, básicamente porque el aumento de sueldo alegra el primer día, luego, uno se acostumbra a dicho sueldo, y si odiaba el trabajo porque lo sentía rutinario, o por temas de clima laboral o por cualquier otra razón, lo seguirá odiando.

Trabajo en una compañía de selección de profesionales y hace unos años se me ocurrió preguntarles a algunos candidatos: ¿Para qué quieren trabajar? Resumiendo las respuestas, comenzaron diciendo que para ganar dinero. Ok, les comentaba, ¿Y para qué quieren ganar dinero?, “Para comer” ¿Y para qué quieren comer? La mayoría contestaba que para vivir, entonces venía mi pregunta decisiva, ¿Y para qué quieren vivir? La gran mayoría me contestaba que para ser feliz.

Pero como no podía con la curiosidad, seguía preguntando, ¿Qué es ser feliz? Después de muchas respuestas, llegué a entender que es vivir con la conciencia tranquila de saber que estás haciendo lo que puedes por lograr los objetivos que te trazaste en todos los ámbitos (espiritual, personal, familiar, laboral y social.) No depende exclusivamente de ningún factor, ni del dinero (mucha gente con dinero es estructuralmente infeliz), ni de la compañía, ni siquiera de la salud (cuantos enfermos felices conocemos).

Entonces, la pregunta del millón sería, ¿Cómo encuentro un trabajo que me haga feliz? Buscando aquel que te permita maximizar tu remuneración relacionada con la calidad de vida que quieras tener, a lo que se le llama “Salario emocional”. Y es que la mayoría de nosotros no trabajamos exclusivamente para nuestras empresas o nuestros jefes, trabajamos para cumplir nuestras metas más íntimas, muchos lo hacen para si mismos, para demostrarse que pueden cumplir un reto personal, otros lo hacemos por un sentido de trascendencia y otros para brindarle lo mejor a su familia.

Soñar que importante hacerlo despierto

Hace unos meses tuve la suerte de escuchar una excelente conferencia en la que nos preguntaron con cual de las frases nos sentíamos más familiarizados: “Hago lo que me gusta” o “Me gusta lo que hago”. Detrás de estas frases se encuentra quizá una de las principales conclusiones de este artículo. Aquellos que escogieron la primera, se estrellarán contra la realidad tarde o temprano, ya que no podemos vivir pensando que en el hogar, en el trabajo hacemos solo lo que nos gusta, muy por el contrario, la segunda frase, a simple vista no es tan atractiva pero esconde uno de los secretos mejor guardados para ser feliz, ya lo decía Jean Paul Sartre, “La felicidad no está en hacer lo que uno quiere sino en querer lo que uno hace”, y es que con forma de pensar que conlleve este esquema, podremos ser felices en nuestros trabajos, atrapando lo mejor de lo que nos pasa, haciendo que nos guste, ya que de lo contrario, nos parecerá rutinario (cualquiera que sea el trabajo) y terminará por aburrirnos.

Que importante es automotivarse, crearse sus propios retos internos en el trabajo, saberse dueños de su propio destino, soñar con una forma de trabajar que incluya pasión y diversión, porque así se trabaja mejor. Nuestros gestos al entrar y salir de nuestro trabajo dirán si lo hemos conseguido.

¿Qué necesitamos? Cultivar el compromiso, la pasión, la humildad, elementos críticos para salir adelante. Prima hermana de la paciencia y la humildad es la perseverancia, compañera inseparable de la disciplina y el trabajo cotidiano bien terminado. Pero sobre todo mucho optimismo y entusiasmo, mucha pasión por hacer y terminar el trabajo bien hecho. Santiago Alvarez de Mon, aquel brillante maestro y profesor del IESE, decía que lo que el apetito es con relación a la comida, es el entusiasmo con relación a la vida. A un niño se le puede obligar a ir la cama, pero no que confíe en ti. A un profesional, que cumpla, pero no que se entusiasme. Es lo mismo que la comida hecha sin pasión. Puede salirte bien, pero no sale rica. Una cosa es cumplir, otra poner el alma. Y el alma solo se pone cuando hay pasión. Y hay pasión cuando la visión y el propósito de la empresa y la visión del equipo están alineados.

El estrés, ese fiel compañero de camino

Tomando en cuenta, querido lector, que en promedio nos quedan 30 años de vida laboral (10,000 días aprox), y que en el trabajo es donde pasamos la mayor parte de nuestra vida, es imperativo el descubrir cómo hacer para pasarla bien aprendiendo a manejar las variables que dependen de nosotros incluyendo, como no, a ese amigo inseparable, culpable de canas, gastritis, enfermedades y cambios de humor que es el estrés.

Aquel brillante psicólogo, escritor y sobreviviente a Auschwitz, Victor Frankl decía que lo que el hombre realmente necesita no es vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena. El hastío es hoy causa de más problemas que la tensión y, desde luego, lleva más casos a la consulta psiquiátrica.

Existe actualmente una idea de que el estrés debe eliminarse a cualquier costo para vivir una vida relajada, sin embargo, lo curioso es que cuanto más lo intentamos, más estresados acabamos. La vida sin estrés no sería vida. Estamos tan presionados para evitarlo que nos perdemos el placer que conlleva afrontar desafíos estimulantes.

Stone Zander, nos dice que el problema no es nuestra exposición al estrés – un despertador que nos saca de la pereza y la somnolencia – sino nuestra escasa capacidad para responder a sus demandas y requerimientos. “No existe el mal tiempo, sino ropa inapropiada”. Si no me abrigo bien cuando hace frio, sino saco el paraguas cuando llueve,l…el problema no es el clima, sino mi imprudencia e insensatez al salir de casa. Si no aprendemos a vivir en la incertidumbre, a nadar en aguas movedizas, a desvelar misterios eternos, el estrés es un ladrón que nos roba salud, paz, alegría, tiempo y concentración. La gente dice que la vida moderna es estresante, pero el estrés no es una característica de la vida ni del tiempo, sino de las personas. El estrés no llega desde el entorno, viene de las mentes de los estresados. Sufrimos desde el pensamiento. Hacemos ciertos supuestos sobre el mundo y nos quedamos apegados a esos supuestos.

Noto los primeros síntomas de estrés cuando llego a casa y sigo conectado mentalmente al trabajo Esas ocasiones cuando necesito encontrar el equilibrio. Las salidas o el deporte pasan entonces no a ser una diversión, sino un punto más en mi agenda. Empiezo a querer estructurar todo, a controlar todo para tenerlo equilibrado.

Una genial maestra es la película “La Vida es bella”. En ella el padre, se esfuerza heróicamente por ahorrarle sufrimientos a su hijo y le hace creer que todo es una comedia. Gracias al “payaso” de su padre, no será perjudicado con ningún trauma de tremenda experiencia. Mantenerse fuertes en la adversidad, esconder tus debilidades y saber enfocarte en tus puntos fuertes es una manera inteligente de gestionar el estrés.

Conclusiones

Mi meta laboral para este 2011 es ayudar a formar una empresa muy competitiva, muy rentable para el accionista y para los que trabajan en ella; con un nivel de gestión de máxima eficiencia, pero cuyo índice final para definirla como verdaderamente exitosa sea la “sonrisa y bienestar” de aquellas personas que dan sentido a mi vida, que es mi familia. A eso aspiro, nada más…y nada menos. Todos queremos trabajar en una empresa que rompa esquemas, que rompa paradigmas, que rompa records de ventas, utilidades, bonos, pero quizá sea uno de los temas más importantes y descuidados el enfocarse en que rompa records de satisfacción de la gente que forma parte de ella. Eso depende en gran parte de nosotros, y como bien dice el dicho que aplica en los matrimonios, mi felicidad depende de la felicidad de mi mujer, luego, debería estar más enfocado en hacerla feliz a ella. Extrapolando esa realidad, si quiero ser feliz en mi trabajo, debiera enfocarme mucho más en hacerlo llevadero y divertido a los demás.

¿Y cuál es la fórmula? Inviertan más en la persona y no tanto en el profesional. Ayudaría bastante comenzar haciendo algo de arqueología interior para conocer nuestros puntos fuertes y nuestras áreas de mejora, las competencias y valores que nos faltan y una vez identificados éstos últimos trazarse un plan concreto para adquirir los que nos falten y potenciar las que tenemos en un nivel bajo a través de un plan de mejora personal que implique el desarrollo de actividades concretas para conocer aquello que nos falte, practicarlos (la única forma de adquirirlos es con la repetición continua de la misma), y controlar los resultados cada cierto tiempo. El trabajo perfecto será perfecto si nos hace felices, si nos reta, no si somos gerentasos, o si recibimos un sueldaso, son variables que ayudan pero no definen el nivel de satisfacción.

Como decía Tony Robbins, acaso el gurú más famoso en temas de motivación hoy en día. “El secreto del éxito en el trabajo, consiste en aprender a usar el sufrimiento y el placer, en lugar que permitir que éstos, le utilicen a uno. Si se hace así, ejercerá el control no sólo sobre su trabajo sino también sobre su propia vida. Si no, la vida le controlará a uno.”

Los animo a trabajar, vivir y soñar apasionadamente ya que cuando uno encuentra el balance perfecto entre esas tres variables, definitivamente se vive mejor, y de eso se trata la vida. Son momentos inolvidables, instantes muy cortos en los que emociones y sentimientos humanos quedan grabados a fuego de manera indeleble en la memoria. No dudo que en nuestro trabajo han habido muchos de esos acontecimientos centrales y definidores. Yo creo que los mejores momentos de nuestras vidas son aquellos que vienen como resultado de nuestro esfuerzo al límite en cuerpo y alma para conseguirlos y es que mientras más nos ha costado, más valoramos lo que conseguimos. Eso es lo mejor que tienen los sueños imposibles, que a base de esfuerzo, perseverancia, talento y la ayuda de Dios, se hacen posibles. El simple hecho de soñar despiertos, ya es triunfar.

A continuación les paso un resumen de un artículo publicado por la Revista Business Week sobre como destacar en el trabajo en tiempos de incertidumbre. Si bien es cierto ya estamos pasándolos para una nueva etapa de bonanza pero igual se puede aplicar.

En tiempos de crisis como los que corren, mucha gente prefiere quedarse con la cabeza gacha, evitar llamar la atención y confiar en haber mantenido su empleo cuando pase el desastre. Ésta es ciertamente una estrategia, pero los momentos difíciles pueden convertirse también en una oportunidad para avanzar en nuestras profesiones, o al menos de mostrarle al jefe que merecemos ser conservados.

Ante situaciones de incertidumbre, los jefes de equipo estarán observando a cada empleado mucho más detalladamente que antes, buscando ver quién es verdaderamente bueno y quién no. No es buena idea tratar de sobresalir desacreditando a un compañero y menos mostrar una ambición inconveniente.

El comportamiento más apropiado en estos tiempos de recortes económicos es hacerse indispensable. También el candor y “multiplicarse por cero” pueden ser armas tácticas. O mejor aún, dedicarse a buscar ideas que puedan ayudar a la empresa a superar las dificultades. En lugar de desesperarse, presentar soluciones y terminar proyectos aun cuando los recursos estén constreñidos.

Los más quejumbrosos serán los que más probablemente entrarán en los recortes de empleados. La gente nunca olvida cuando das un paso al frente en situaciones extremas. Si puedes brillar en estos momentos, brillarás para siempre.

“Tener razón es un objetivo pobre para personas hambrientas de saber, ganar un argumento es una meta modesta para gente ambiciosa. Si cada encuentro humano lo enfocara con el ánimo de aprender, errar o acertar serían verbos irrelevantes.

El fundador de Honda Soichino dice: Para mi, el éxito solo puede ser conseguido por medio del error repetido y  de la introspección. De hecho, el éxito representa el 1% de un trabajo que consta de un 99% de lo que llamamos fracaso”.

Veamos el camino de Abraham Lincoln a la casa blanca, no precisamente jalonado de victorias fáciles.

  • Fracasó en un negocio en 1831
  • Derrotado en la Asamblea Legislativa en 1832
  • Fracasó en un segundo negocio en 1833
  • Sufrió una crisis nerviosa en 1836
  • Fracasó como orador en 1838
  • Derrotado como candidato en 1840
  • Derrotado para el congreso en 1843
  • Derrotado para el congreso en 1848
  • Derrotado para el Senado en 1855
  • Derrotado para Vicepresidente en 1856
  • Derrotado para senador en 1858
  • Elegido presidente en 1860

Este círculo de errores se llama perseverancia, solamente en sus dominios se puede manejar el error.

En versión empresarial, Young comenta el caso de Goyzueta, famoso presidente de Coca Cola: “En el momento en el que tu motivación fundamental es evitar los errores estás camino a la inactividad. Solo tropiezas si te mueves” y el de Steve Jobs y Steve Wozniacks. Cofundadores de Apple Computer: “Su ordenador personal y su ofrecimiento de trabajar fue rechazado tanto por HP como por Atari” En el ámbito deportivo, es ilustrativo el ejemplo del conocido entrenador de básquet Rick Pitino. “Esta bien equivocarse, es como un fertilizante. Todo lo que se sobre el coaching lo he aprendido de mis errores.

No le preocupa el error, viejo amigo de la infancia y madurez, sino lo que se hace con él, como se reacciona a sus susurros y lecciones. Si uno no se abre humilde y confiando en sus exigentes arrullos, la consecuencia en forma de despido, es mucho más dolorosa. Con el error, comprensión, trabajo y humor. Con la negación desleal y autoprotectora del mismo, tolerancia cero.

Mr K decía que cuando ganamos un partido, no significa que todo hay ido bien, Cuando perdemos, tampoco quiere decir que todo lo hayamos hecho mal. A veces, una derrota puede ser una victoria. Si un equipo juega al límite de sus posibilidades y roza el triunfo, ¡Se puede decir que ha perdido? Pienso que no. Creo que cualquier equipo que saca lo mejor de si es un triunfador. Si constantemente miramos si ganamos o perdemos para ver si lo estamos haciendo bien, no estamos utilizando el barómetro correcto”.

¿Qué ha aprendido de los errores?

El peor error es estar detenido y pensar en los errores pasados. Sólo hay que ver atrás para aprender y corregir. Yo me he equivocado mucho en mi vida.

Santiago Alvare de Mon

 

Las principales escuelas de negocios internacionales se reunirán con ejecutivos experimentados en el evento Access MBA en Lima, el próximo 28 de febrero de 2011. Si bien la admisión en un programa de MBA de alto nivel puede ser difícil, encontrar la escuela de negocios correcta es el primer paso hacia la cima.

Con el aumento de la demanda por gerentes calificados y capaces, un diploma de Maestría en Administración de Empresas (MBA) se presenta como una calificación a prueba de recesión para los ejecutivos de negocios.

El Access MBA Tour reúne a las principales escuelas de negocios internacionales y candidatos calificados

El Access MBA Tour organiza reuniones personales entre profesionales experimentados y escuelas de negocios de primer nivel.  Ver la clasificación de las principales escuelas de negocios.

Se realizarán reuniones personalizadas en el Radisson Decapolis Miraflores, el 28 de febrero, de las 4:30pm hasta las 9:30pm. Entre las escuelas que participan en el evento se encuentran Bentley University, McCallum Graduate School of Business, Hult International Business School, IE Business School, Manchester Business School. Los candidatos deben registrarse en www.accessmba.com para concurrir a las reuniones One-to-One.  Son seleccionados  de acuerdo a la escuela que cumple con sus requisitos y se los invita a reuniones individuales con los representantes de admisión de las escuelas en el evento.  También se ofrecen sesiones de asesoría  in situ con consultores de Access MBA para los candidatos interesados para MBA.

El Access MBA Tour aglutina a más de 100 escuelas de negocios acreditadas que, además, tienen el prestigio de figurar entre las mejores a nivel internacional.  En cada evento, los representantes de escuelas de negocios de primer nivel presentan sus programas en detalle para ayudar a los candidatos a identificar el programa que sustentará mejor sus metas de desarrollo personal.  El evento atrae a ejecutivos de alto perfil con al menos 3 años de experiencia profesional y un diploma de educación superior.

Cómo las escuelas de negocios ayudan a convertir las tendencias en posibilidades

Los recientes cambios turbulentos del mercado enfatizan la necesidad de una profunda comprensión de las fuerzas en movimiento por parte de los líderes y ejecutivos de negocios, muchos de los cuales recurren a académicos y colegas en las principales  escuelas de negocios.  Mientras que algunos identifican nuevas oportunidades de negocios y se inscriben para conseguir un diploma de MBA y así lograr el conocimiento específico requerido, otros apuntan a diversificar su perfil profesional y obtener una ventaja competitiva.

Los programas internacionales de MBA aseguran que los ejecutivos de negocios comprendan el mercado global en evolución y puedan dirigir sus organizaciones de forma adecuada y sostenible hacia una prosperidad a largo plazo.  Los estudios muestran que un título de MBA garantiza a los graduados mejores salarios iniciales y  mayores oportunidades de progreso en sus carreras profesionales.

Un estudio de 2009 del Financial Times indica que los graduados de MBA de las principales universidades reciben un aumento de salario del 108% después de obtener su diploma.  Los datos sobre los niveles salariales de los profesionales de negocios con diplomas de MBA de las principales universidades indican que su ingreso anual promedio en Estados Unidos es entre  91.000 y  93.000 dólares estadounidenses y en el Reino Unido oscila entre 60.000 y 135.000 libras esterlinas.  Lea más acerca de la educación global en MBA.

Acerca de Access MBA

El Tour organiza aproximadamente 50 eventos One-to-One por año en más de 30 ciudades en todo el mundo.  Access MBA es un proyecto de Advent Group, una agencia de comunicaciones con sede en París que coordina eventos educacionales y de contratación en toda Europa, Oriente Medio y América.  Puede encontrar más información en www.accessmba.com.

Contactos para la prensa :

Audrey NARIANA

Jefe de Proyecto Internacional

audrey@accessmba.com

Le ponemos en sus manos el próximo nivel

Está comprobado, la sonrisa es contagiosa. Igualmente, los gestos de afirmación mientras se conversa predisponen positivamente al otro, y al revés, los micro-gestos que denotan negatividad inflaman el espíritu del cliente. Cuando los clientes se enfrentan a un colaborador que los recibe con una sonrisa y sabe mantener una actitud positiva durante la transacción, se sienten muy bien. Al sentirse bien, buscarán saber el nombre del colaborador, porque íntimamente se les despierta el deseo de desarrollar una relación con esta persona que lleva alegría a su vida. La sonrisa de los colaboradores  predispone positivamente a los clientes frente a la empresa y logra sean más benévolos en su evaluación.

 

Es posible enseñar a sonreír. Por supuesto no estamos hablando de simular una sonrisa aunque, increíblemente, esto también ayuda. Los niños se parecen mucho a los padres más por imitación que por genética; lo mismo sucede con los colaboradores: se parecen mucho a sus jefes. Por ello, si tienes gente a tu cargo, tienes que sonreir más. Una regla sencilla para sonreir más es imaginar que tienes un lapicero puesto horizontalmente entre tus dientes. Verás cuán útil es iniciarse con ese gesto.

 

Recientemente las neurociencias han redescubierto (esta vez científicamente) lo que la intuición dice: la clave del éxito de un buen gerente está directamente relacionada a cómo se siente su gente. David Rock, profesor de la Universidad de Nueva York, acaba de publicar un artículo en el que explica el SCARF, que en inglés significa bufanda, tal vez queriéndonos decir, subliminalmente, que nuestra gente necesita la calidez y el calor de sus jefes. Esto es, servicio al cliente puro.

SCARF es el acróstico de Status, Certainty, Autonomy, Relatedness, Fairness. Veamos suscintamente qué necesita nuestra gente de nosotros:

1.        Status . Todos sabemos que el trabajo dignifica al hombre, pero también sabemos que hay trabajos más pesados, más “sucios” y de aparente menor importancia. Si el colaborador no siente (mejor dicho no le hacemos sentir) que la pieza del rompecabezas que le corresponde poner en el mapa de procesos es clave para la satisfacción del cliente, entonces hará su trabajo de mala gana y acumulará sentimientos negativos contra la gerencia, contra los clientes.

Decir “¡Buen trabajo!”, con una mirada franca y una sonrisa de reconocimiento, activa las mismas zonas cerebrales que se activarían con un reconocimiento económico inesperado. Dar status no sólo es dar promociones o aumentos. No hay sentido alguno en que el jefe sea egoísta en elogios.

2.        Certeza. Nuestra gente necesita tener la certeza de que su trabajo es bueno y el jefe la debe transmitir. El dolor emocional que las personas sufren al sentirse ignorados es comparable al dolor físico (Antonio Damasio – El error de Descartes), las fMRI (resonancias magnéticas) lo demuestran. Tal vez el pecado más grave que atenta contra el buen servicio al cliente es que nuestra gente se sienta ignorada por el jefe. Es tan simple de corregir con un saludo al pasar, con una mirada democrática, con una sonrisa, o con unos cuantos minutos de cuando en cuando con cada persona de nuestro equipo…

3.        Autonomía. La percepción de autonomía de una persona aumenta su sensación de seguridad y disminuye el stress. Pensemos cuánto de nuestra propia inseguridad la trasladamos al respirar en la nuca a nuestros colaboradores. Una regla simple de “empowerment” no es dar autonomía plena al primer frente, sino darles la posibilidad de conversar, de llamar libremente por teléfono al jefe, o al jefe de su jefe, o si ellos lo consideran, al jefe del jefe del jefe. Esta línea abierta hacia arriba genera una sensación de equipo inconmensurable.

4.        Pertenencia.  Maslow ponía esta necesidad humana como posterior a sus necesidad básicas; hoy queda claro que la pertenencia es una necesidad básica. Una relación sana con nuestra gente requiere confianza y empatía. Y no podemos tener empatía si no tenemos una mirada para las otras personas. Dejemos de rumiar nuestros propios problemas y miremos a nuestra gente. La ganancia secundaría será, además, que pondremos nuestros problemas en su real dimensión y no los sobreestimaremos. El sentido de pertenencia a un grupo, a un gran equipo, es fun-da-men-tal.

5.        Transparencia. La percepción (y las percepciones hacen realidades) de que una situación es injusta, es un brutal golpe al plexo del servicio al cliente. La transparencia, el compartir información, el evitar grupos de privilegio hace que la gente esté motivada y lista a atender a los clientes como ellos son atendidos por la empresa.

Como vemos, la receta es simple. Pero no nos engañemos, implementar esta receta en la vida personal de cada uno de nosotros tomará tiempo, de modo que podríamos recomenzar hoy. Por ejemplo, podrías pasar este mail a los jefes que están debajo tuyo, a tus pares, a tus jefes. Sin embargo, lo más importante está en el trabajo con uno mismo.

 

¿Hoy en día bastará ser un genio en números o el vendedor estrella para surgir y ascender en un trabajo? Definitivamente no. Actualmente se toman en cuenta otras habilidades y valores cuyo impacto en los resultados es mayor.

 

Comencemos por definir cual es el principal deber de un profesional, y es el estar en contacto y entender la realidad. La realidad de sí mismo, de su familia y de su trabajo. Aparentemente muy sencillo, pero no lo es. Cuantos gerentes hay técnicamente brillantes pero que sin embargo, no supieron anticiparse o reaccionar a la crisis por no entender bien el contexto, cuantos hay que se enfocan en grandes negocios y no se percatan de la realidad de su equipo cercano de trabajo que está muy descontento y rindiendo al 50%, o simplemente cuantos son workaholics y no se percatan de que al final tendrán mucha plata pero pagar el divorcio.

 

Sin ánimos de extrapolar ningún modelo personal, comencemos por definir que habilidades son las más relevantes para cualquier profesional. Obviamente no pretendo ahondar en ninguna de ellas porque el espacio no lo permite sino únicamente mencionar con una breve explicación las principales y darles algunas ideas concretas para conseguirlas.

 

Una de las más importantes es la inteligencia emocional, aquella habilidad a través de la cual, reconoces tus emociones, las controlas, identificas las de la otra persona y generas empatía con ella. En un trabajo no asciende el ratón de biblioteca que toda su vida fue número uno de su clase, sino más bien aquel que obviamente fue un buen estudiante, dedicado, pero que en su vida laboral supo cultivar virtudes como la amistad, el ser amigo de sus amigos, entender lo que necesita la empresa, lo que necesita tu equipo de trabajo, persuadir, generar empatía, tener un buen carácter. Muchas veces para viajar de la prédica al compromiso real, el carácter es la pieza más valiosa de nuestro equipaje, es la que traza finalmente los límites entre los que hacen algo transformando la realidad y los pesimistas que se quejan de todo.

 

Otra competencia que marca la diferencia es la capacidad para tomar decisiones. Y para ello, es necesario tener el criterio suficiente para identificar cuando priorizar la decisión con el corazón y cuando con la cabeza. Al respecto decía Santiago Alvarez de Mon, brillante profesor del IESE que tuve la suerte de escuchar: “El corazón no solo es la sede de los sentimientos, sino también la sede de la inteligencia. El arte de dirigir necesita de un corazón inteligente que incorpore a sus latidos y vibraciones los recados de la razón. Una razón sensible y un corazón inteligente se solicitan el uno al otro. Probablemente este sea el rasgo más notable de una persona serena. En ella se da una armonía inefable entre razón y corazón, tal vez porque este es quien gobierna. En todo lo que hagas pon el corazón, tan falto y escaso en tantas empresas y carreras profesionales. El corazón inteligente escucha atentamente a la razón, le agradece sus consejos y advertencias, pero no está dispuesto a dejar de vibrar y volar muy alto. No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos, decía Antoine de Saint Exupery en El Principito.”

 

Quizá una de las competencias que más se ha necesitado con la crisis del pasado año fue la resiliencia, que es la capacidad para soportar golpes y fracasos y salir fortalecido. En contextos de crisis, se necesita profesionales que se automotiven y que si se caen se levanten rápidamente. Las empresas no buscan al infalible porque este tipo de ejecutivos cuando cae es muy complicado que se levante rápido, su ego no lo deja, sino por el contrario, se busca a aquellos que actúen rápidamente cuando se caigan, que no se paralicen, y que sobre todo aprendan de sus errores y puedan afrontar situaciones nuevas con ese aprendizaje.

 

Rosa García, Ceo de Microsoft en España nos dice: “Yo cometo muchos errores y muchas veces. Mi filosofía es la siguiente: afronta tus equivocaciones, aprende y sigue adelante. Lo que no hago, ni le permito a mi gente, es ocultar los fallos. Si en mi compañía un colaborador, en lugar de reconocer un error y poner las vías para solucionarlo intenta taparlo, es motivo de despido. No sólo se está engañando él, sino también nos engaña al resto y puede provocar un problema grave en la compañía.” Su filosofía claramente está enfocada en tener comprensión con los errores pero tolerancia cero con la mentira y el encubrimiento de malas acciones.

 

Una de las competencias que más apremian y más difíciles de conseguir y sacar provecho es la gestión del tiempo. Las empresas cada vez más se dan cuenta que no necesitan personal que trabaje más sino mejor y esto pasa por saber “sacarle el jugo” al tiempo que pasan en la oficina con el fin de que luego de ello salgan a una hora donde tengan una vida propia. Un punto en común de los ejecutivos exitosos de hoy es que saben blindar su tiempo libre con familia y amigos.

 

Algunos consejos de Robert Bly, uno de los gurús más reconocidos en Time Management, son los siguientes: Encárguese personalmente de lo más importante, haga listas de asuntos pendientes y asigne prioridades a cada asunto, maneje las reuniones, cumpla el horario de comienzo y fin, identifique aquellas actividades que desperdician tiempo, aprendiendo a evitar distracciones. Evite realizar varias tareas diferentes a la vez. Por ejemplo, la manía de chequear el mail cada 5 minutos, porque distrae y resta concentración. Escriba pensamientos e ideas – así no perderá tiempo tratando de recordar cosas cuando las necesite. No amontone basura: revise sus papeles periódicamente, archive lo que necesita y bote lo que ya no le sirva. Y finalmente utilice la regla del 80/20: 80% de nuestros logros provienen de apenas un 20% de nuestros esfuerzos. La tarea es encontrar cuál es ese 20% productivo, y dedicarse a esas actividades.

 

Otra de las habilidades más solicitadas es la comunicación a todo nivel, pero aquella que no sólo habla sino que pregunta y escucha. Un buen comunicador es experto en gestión del silencio. Es importante no solo comunicar sino también escuchar aquello que el interlocutor nos ha dicho entre líneas.

 

Por último, quisiera mencionar y explicar rápidamente la importancia de aprender a trabajar en equipo. Para ello, la palabra indicada es el compromiso. Cuando el equipo cree que su firma está estampada en todo lo que hace, entonces recién tendrá la posibilidad de convertirse en exitoso. A continuación cinco cualidades para forjar equipos exitosos: comunicación, confianza, responsabilidad individual y colectiva, cariño y orgullo. Todo eso es mucho más importante que el talento y la experiencia técnica. Mr K, quizá el mejor entrenador de todos los tiempos en la NBA decía que los buenos equipos se vuelven extraordinarios cuando sus jugadores confían unos en otros y supeditan el yo al nosotros.

 

Hay también otras competencias que por espacio no podré explicar pero que sin embargo no debieran dejar de ser mencionadas como liderazgo, energía, entusiasmo, capacidad de ejecución, persuasión, visión de negocio, vocación de servicio, manejo de conflictos y orientación al cliente, así como también los principales valores de un ejecutivo que son la humildad, el esfuerzo, la perseverancia, la disciplina, amistad, paciencia y compromiso, elementos críticos para diseñar y mantener equipos cohesionados y consistentes. Sin ellos difícilmente un profesional podrá destacar y mantenerse en la cima por mucho tiempo.

 

Conclusiones

Para comenzar a obtener las competencias que cada uno necesite para poder trabajar mejor, un buen comienzo es contestar las siguientes preguntas:

  • ¿Conoces tus puntos fuertes y tus áreas de mejora?
  • ¿Has hecho alguna vez un chequeo 360 de tus competencias (encuestas a tus jefes, pares, subordinados e inclusive a familiares y amigos?
  • ¿Sabes cómo desarrollar tus competencias y las de tu equipo?

 

Luego de tener claro ello, es necesario un plan de mejora personal, que implique un compromiso para cambiar. Dicho plan debiera responder las siguientes preguntas:

 

¿Qué competencias debo adquirir?

¿Con qué recursos cuento para ello?

¿En qué tiempo cambiaré?

¿Cómo lo mido?

 

De nada sirve el conocerlas, sino ponemos esfuerzo y disciplina por conseguirlas. ¿Lo intentamos?

 

Rafael Zavala – Gerente General

Laborum Perú

 

Esta semana les transcribiré un extracto del libro “La lógica del corazón” escrito por un invitado de siempre de este blog, Santiago Alvarez, acaso uno de los mejores coach en mundo, que habla sobre un tema del que continuamente huimos que es el estrés.

 

“La salud se basa en un cierto grado de tensión, la tensión existente entre lo que ya se ha logrado y lo que todavía no se ha conseguido, o el vacío entre lo que se es y lo que se debería ser. Esta tensión es inherente al ser humano y por consiguiente es indispensable al bienestar mental. En general, se ha instalado entre nosotros una visión peyortiva de la idea de estrés que nos obliga a extirparlo de nuestra pantalla mental. Curiosamente, cuanto más lo intentamos, más estresados acabamos.

 

No se preocupe por el nivel de estrés en su vida. Lo necesita para vivir, es esencial para su salud y longevidad. Conclusión, el problema no es nuestra exposición al estrés, un despertador que me saca de la pereza y la somnolencia, sino mi escasa capacidad para responder a sus demandas y requerimientos. Si no aprendo a vivir en la incertidumbre, a nadar en aguas movedizas, a desvelar misterios eternos, el estrés es un ladrón que me roba salud, paz, alegría, tiempo y concentración.

 

Me acuerdo de una entrevista que tuve con el Decano de una escuela norteamericana y dos profesores senior. EL primero me invitó amablemente a lo que teóricamente iba a ser una reunión protocolaria. Uno de los profesores aprovechó para despacharse bien a gusto. La estructura organizativa de la escuela, las normas y métodos de trabajo, la falta de visión…todo fue sometido a un bisturí afilado e incisivo.

 

Cuando ambos profesores se fueron, el Decano me preguntó, ¿Qué te parece? Tienes un problema le dije, con ese profesor que está harto  y enfrentado a muchas facetas de la escuela.

 

El Decano, más listo y sagaz que yo me dijo: “No me agrada nada de lo que he oído, pero si te soy sincero, en parte tiene razón. Además, me lo dice frontalmente, se enfada de verdad, señal inequívoca  de que la escuela todavía le importa mucho, le duele en el alma. El que me preocupa seriamente es el segundo profesor. Ha optado por lo peor, por un silencio displicente, por una indiferencia interesada. La escuela ya no le duele, tal vez porque hace tiempo que la utiliza para sus intereses particulares.”

 

Touché, que dicen los franceses. Desde entonces escucho y atiendo los conflictos y enfados visibles y explícitos, pero más me preocupan y entretienen  los que no muestran la cara, los que actúan en la sombra y deteriorando, como la carcoma, la salud de un organismo vivo. Si no se distingue la “piel de la camisa”, si no se separa la persona del personaje, mal asunto, la libertad y el equilibrio interior se verán seriamente afectados.

 

Mr K, el más grande entrenador que ha dado la NBA decía que la confianza puede ser un arma muy efectiva contra el miedo. Cuando estamos compitiendo, no permito que el contrario vea si nos ha herido, si estamos bajos o si nos preocupa algo. Si destapamos nuestras emociones, ellos descubrirán por donde nos están haciendo daño y eso les dará más confianza. Dando una imagen de seguridad, incluso en momentos de crisis, nos hacemos más fuertes. En Duke siempre les aconsejo a mis jugadores “Mostraos seguros, esconded vuestras debilidades”.

 

En la Final Tour, estaba preocupado e intranquilo por la posibilidad de que la presión mediática destruyera la unidad del equipo. Pero, en ningún caso, me permití mostrárselo al equipo.  Tenía que ser lo suficientemente fuerte como para decirme a mi mismo: “No tienes permiso”. Si le dices algo estás rompiendo el compromiso que tienes para con ellos. No tienes derecho a compadecerte de ti mismo. No te puedes venir abajo. No te puedes enfadar. No puedes ser un debilucho. Como se que esa gente dependía de mi, contuve mis emociones. Este modo de actuar, esa creencia personal, me la inculcó mi madre, ella, mientras éramos pequeños, nunca nos permitió a mi hermano y a mi, saber que éramos pobres. En el fondo lo que quería era llegar a la perfección, pero me di cuenta que a la perfección no se llega siendo perfecto, sino asumiendo las imperfecciones.”

Robert Goffee y Gareth Jones, en un importante artículo en el Harvard Business Review, pasaron revista a cuatro mitos populares sobre el liderazgo.

 

Cualquiera puede convertirse en líder. Falso. Muchos ejecutivos de empresa no tienen el autoconocimiento ni la autenticidad, cualidades que son requeridas para ejercer un efectivo liderazgo. Otros que pueden tener el potencial, no tienen las ganas; prefieren dedicar el escaso tiempo libre que queda a otras actividades de su vida privada.

 

Los líderes generan siempre buenos resultados: No siempre. Si el liderazgo pudiera medirse por resultados, sería fácil identificar a los buenos líderes. No siempre coinciden. Hay negocios cuasi monopólicos a los que les va mejor con gerentes competentes que con buenos líderes y otras empresas bien lideradas a las que les puede ir mal en el corto plazo.

 

Quienes llegan arriba es porque son líderes; no necesariamente. A los cargos principales se llega por muchas razones, algunas perversas, distintas al liderazgo. De otro lado, líderes hay y debe haber en todos los niveles de una organización. Son aquellos capaces de motivar al margen del cargo que ocupen.

 

Los líderes son buenos formadores de segundos; muy rara vez. No es lo mismo inspirar que enseñar bien. Los autores identifican a Steve Jobs como un gran líder, limitado en su capacidad de formar gente.

 

Por Felipe Ortiz de Zevallos

Editor fundador

Semana Económica

 

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